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domingo, 20 de septiembre de 2015
De una obra abandonada de Samuel Becket
Me levanté tempranito ese día, era joven entonces, sintiéndome pésimo y salí, mamá estaba asomada a la ventana en camisón llorando y despidiéndose de mí. Qué mañana tan bonita y fresca, todo brillaba como suele suceder a esas horas. Me sentí pésimo de veras, muy violento. El cielo se oscurecería muy pronto y llovería y seguiría lloviendo todo el día hasta la tarde. Luego, en un segundo, todo azul y el sol, luego la noche. Sintiendo todo esto, qué violento y qué día, me detuve y volteé. Así, con la cabeza agachada, porque estaba buscando un caracol, un baboso o un gusano. Cuánto amor había en mí por todas las cosas estáticas y enraizadas, los arbustos, las piedras y cosas así, demasiado numerosas para mencionarlas, hasta las flores del campo; no sentía lo mismo por el mundo cuando en mis cinco sentidos llegaba a tocar algo así, o a cogerlo.
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