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domingo, 20 de septiembre de 2015

El lápiz de Raymond Chandler

1

Era un hombre algo rechoncho con una sonrisa deshonesta que estiraba las comisuras de sus labios un centímetro hacia los lados, cerrando mucho la boca y dando a los ojos una expresión triste. Para un hombre tirando a grueso, tenía un andar perezoso. La mayoría de hombres gruesos caminan con rapidez y ligereza. Llevaba un traje gris de punto de espina y una corbata pintada a mano en la que se veía parte de una chica en plena zambullida. la camisa era limpia, lo cual me animó, y sus mocasines marrones, tan poco indicados como la corbata para el traje que lucía, estaban recién lustrados.

Pasó por delante de mí mientras yo mantenía abierta la puerta que separa la sala de espera de mi sala de meditación. Una vez dentro, echó una rápida mirada a su alrededor. Yo habría dicho que era un mafioso de segunda categoría, si alguien me lo hubiera preguntado. Por una vez, no me equivoqué. Si iba armado, debía llevar el arma en los pantalones. La chaqueta era demasiado ajustada para ocultar el bulto de una pistolera de hombro.

Se sentó con cuidado, yo tomé asiento frente a él y los dos nos miramos. Su rostro tenía la viveza de un zorro. Sudaba ligeramente. La expresión de mi rostro estaba programada para expresar interés, pero no curiosidad. Cogí una pipa y el humidificador de piel en que guardaba mi tabaco Pearce. Le ofrecí cigarrillos.

—No fumo.

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